Estamos transitando los últimos días de enero. Este tramo inicial se hace un poco cuesta arriba, y a decir verdad, la ola de calor tampoco ayuda. Pero si tenemos presente esas palabras de esperanza y buenos augurios que decíamos al comienzo de este ciclo, podremos tener una perspectiva más amplia. Como les estaba diciendo, me da la impresión de que este mes no se termina nunca, pero cuando lleguemos a la última hoja del calendario y nos toque arrancar febrero, vamos a notar que todo transcurre con más rapidez. Por supuesto, se trata de una valoración subjetiva: Todos los días tienen las mismas horas, más allá del período que pretendamos analizar. No es posible imaginar un tiempo de descuento como sucede en un partido de fútbol.
Lo más complicado es mantener un equilibrio, aunque a muchos les parezca una tontería. Cualquiera puede tener una reacción desmedida, y ello no traería ninguna consecuencia, si no fuera porque nuestro comportamiento está dirigido hacia un determinado entorno. Tener conciencia de esto nos permite pasar por un filtro o un tamiz aquello que vamos a decir, para alcanzar un grado de comunicación más efectivo. Si nos ponemos violentos o agresivos, vamos a recibir una respuesta del mismo tenor, que irá escalando cada vez más, en parte porque nadie quiere dar el brazo a torcer o admitir públicamente que está equivocado. Para que quede más claro, podemos pensar al revés. Es decir, que seamos nosotros los depositarios de un mensaje lleno de bronca o resentimiento. Más allá de que lo juzguemos inmerecido, nos toca absorber una reacción totalmente extemporánea, y en lugar de preguntar a nuestro interlocutor los motivos, lo único que se nos ocurre hacer es redoblar la apuesta. Obviamente, nada justifica una situación de maltrato, lo que digo es que si seguimos la corriente, las cosas no van a terminar bien.
Creo que, por esa razón, es bueno que tengamos presente aquello que nos propusimos al comienzo del año. En mi caso, soy consciente de eso, porque lo escribí con claridad y cada vez que me embargan las dudas y la indecisión lo sigo sosteniendo. Más adelante se verá si lo pude lograr o no. Es importante hacer la salvedad de los sucesos imprevistos, que no constituyen un dato menor: En líneas generales, uno supone que tiene la sartén por el mango, pero debemos reconocer que hay cuestiones que escapan a nuestra responsabilidad.
Poner un límite nos
otorga más chances para despejar el caminos de presiones o condicionamientos. No tiene ningún sentido engañarnos a nosotros mismos. Si
tenemos la expectativa de alcanzar la longevidad, lo menos que podemos pedir es llegar a la vejez con la tranquilidad de saber que todo lo que hicimos no ha
sido en vano, más allá de las limitaciones que cada cual pueda tener en cuanto
al dinero u otras variables.
Hoy hice el
primer programa de TV de la temporada, y para mí significó mucho arrancar con
el pie derecho. Cuando uno no irradia confianza y actitud, el público percibe
esa falta de convicción, más que uno intente disimularlo. La audiencia que
esperamos alcanzar se sustenta en la credibilidad. La gente que te escucha en
la radio o te mira en la tele lo hace porque confía en que vos tenés algo que
vale la pena decir. Es un punto a favor contar con un invitado que valora la
oportunidad que le das de participar de una entrevista. Yo nunca me dejo llevar
por la vanidad, ni me ubico en un pedestal. Puede que en algún punto tenga más
posibilidades que el resto, pero en todo caso, yo destino ese capital a lograr
un mejor resultado. El espacio televisivo, como cualquier otro, no representa
mucho si vos no lo aprovechás para marcar la diferencia. Con el auge de las
nuevas tecnologías, no sé cuántas personas continúan consumiendo los medios de
comunicación tradicionales. Pero eso también es consecuencia de la escasa
producción que se puede advertir en los formatos actuales, sobre todo en los
canales de aire. Lo que yo busco en cada nueva emisión es generar un clima
distendido con el invitado, me parece un factor clave para que la conversación
transite con fluidez. Es verdad que hay un desgaste que proviene de los años
anteriores, pero en cada comienzo de temporada hay que dejar todo en la cancha.
No puedo saber lo
que sucederá dentro de dos o tres meses, lo que sí puedo afirmar es que la
buena vibra se contagia. Cualquiera que haga su laburo a desgano termina
padeciéndolo más, y a esta altura de mi vida, lo único que pido es disfrutar
del viaje. Voy a trabajar hasta que llegue mi jubilación, pero si
puedo sentirme a gusto con lo que hago, no voy a renunciar a esa aspiración. Si
tuviera 20 años, estaría dispuesto a comenzar desde cero sin demasiados rodeos.
Lo cual es lógico, porque a esa edad uno tiene todo por delante, las ilusiones
permanecen intactas, estás en el mejor momento de la vida. Bueno, aunque ya
haya dejado atrás mi juventud y sea más cauteloso, puedo ver con mayor claridad
qué es lo que quiero hacer, precisamente porque no me sobra el tiempo, y mis
prioridades deben ser una brújula que me indique hacia dónde seguir. En cuanto
a los riesgos, siempre están presentes, a cualquier edad. El temor a lo
desconocido nos bloquea, nos llena de incertidumbre, nos provoca una inquietud
que es muy difícil de morigerar. Pero si aprendemos a aceptar que debemos
librar una batalla todos los días, vamos a incorporar esa dosis de lucha y
perseverancia con más naturalidad. Si no tuviéramos ese combustible que nos
impulsa a continuar detrás de la trinchera, todo lo que hoy conocemos y damos
por sentado sería objeto de debate y discusión. Por eso es necesario reforzar
las creencias que alimenten ese fuego sagrado y que nos lleven a construir el
futuro que soñamos. Ojo con esto, porque es lo único que nos sostiene. Nadie
quiere ver cómo se baja el telón antes de que llegue el final de la función.
Nos estamos viendo pronto. Punto final.